Entrevista a un gato feminista

Cuando mi hermana y yo éramos pequeñas hacíamos vídeos caseros imitando el formato del programa de después de comer de Ana Rosa, “Sabor a ti”, con entrevistas y reseñas variadas. Nos hacíamos las preguntas cuando estábamos usando el váter, por ejemplo, y luego editábamos los contenidos con mimo y profesionalidad.

Es por eso que hoy me hace especial ilusión continuar aquella senda para entrevistar al gato que convive conmigo, Yeti. Mi idea es preguntarle por los orígenes de su feminismo, porque conviviendo con él me he dado cuenta de que el comportamiento de los felinos podría servir para explicar muchas cosas: el consentimiento, la libertad, la independencia, el amor… Sin enrollarme más, os invito a leer las relfexiones de Yeti, el gato feminista.

– Úrsula: Buenos días Yeti, es un placer que te hayas prestado a sentarte un rato para responder a estas cuestiones. ¿Cómo te encuentras ahora mismo?

– Yeti: Hola, paso de decir buenos días porque para mi el tiempo es circular. Mi día comienza cuando yo lo decido. A veces a las cuatro de la mañana, a veces a las dos de la tarde. Ahora mismo estoy relajado. Me he comido un saltamontes que estaba en su punto perfecto de maduración. Pero no he venido aquí a hablar de cómo me encuentro…

– Ú: Claro, llevas razón. Vamos al grano. ¿Cuáles fueron tus primeros contactos con el feminismo?

– Y: Me esperaba una entrevista bastante más currada Úrsula. En fin, yo nací en la calle. Mis tres primeros meses de vida los pasé debajo de un cubo de basura con mi madre y mis hermanxs. Mi madre militaba en un grupo radical feminista callejero. Literalmente, mamé el feminismo de ella. Pero ese feminismo no es elitista, ni académico. Es el feminismo de la supervivencia. Aunque algunos gatos machos son aliados del grupo, en general las gatas se buscan la vida solas.

– Ú: ¿En qué crees que se diferencia el feminismo que tú has “mamado” del feminismo más académico o teórico?

– Y: Pues mira básicamente se diferencia en el hambre y la rabia. Cuando vives en la calle, lo importante es comer y ser feliz con pequeñas cosas. Mantener seca la caja de cartón en la que vives , conseguir alguna raspa todavía jugosa de una bolsa de basura y acurrucarte con tus hermanxs cuando hace frío. Mi feminismo no entiende de libros, se basa en la solidaridad y la defensa de lxs diferentes, como mi hermana Huesita, por ejemplo, que nació sin rabo.

– Ú: ¿Por qué se ocupa el feminismo callejero de la diferencia?

– Y: Porque en la calle, en la vida, tenemos preocupaciones más grandes que encajar en el estereotipo de típico gato de la foto del paquete de Whiskas. Cuando alcanzar ese ideal ya no es tu prioridad, te ves irremediablemente lanzado a una vida de aventura, amistades y luchas compartidas. Yo a día de hoy veo mi barriga colgandera y no puedo más que estar orgulloso de ella. Largas siestas la han traído el mundo, y eso es señal de mi felicidad y equilibrio emocional.

– Ú: Hablando de emociones, ¿cómo se relaciona con les demás un gato feminista como tú?

– Y: Bueno, aquí tengo que señalar que yo me relaciono con distintas especies. Con el perrico de tus progenitores sabes que me llevo muy bien. Con los gatos callejeros hay mucha conexión, porque venimos del mismo lugar. Sentimos y arañamos parecido, Úrsula.

Y aprovecho aquí para decirte que las relaciones que más me cuesta mantener son las que mantengo con las personas humanas. Al principio no entienden mi modo de amar ni de cuidar, sobre todo si no han tenido contacto con otrxs gatxs.

– Ú: ¿Qué crees que tienen que mejorar las personas a la hora de relacionarse contigo?

– Y: Lo más importante es que entienda que no soy “SU” mascota. No soy de nadie. Yo elegí convivir contigo, y no al revés. Si yo no estuviera a gusto me piraría. Esto me parece importante, a la hora de valorar nuestra relación.

En general, las personas humanoides tienen esta obsesión con el hecho de poseer… Me exaspera, y creo que todo sería más fácil si la relación que establecemos se basara en el beneficio mutuo. A mi me gusta dejarme acariciar por muchos seres… ¿tengo que sentirme mal porque conecte de una manera especial con varias personas o animales?

– Ú: Todo esto suena muy reivindicativo y poliamoroso, ¿qué dices al respecto?

– Podrían usarse esos términos para definir mi modo de amar, pero es más fácil que todo eso. Se trata simplemente de respetar límites y de comunicar. Yo me dejo acariciar cuando eso es lo que realmente me apetece. Últimamente estoy perfeccionando mi mordisco avisador, que sirve para indicar que lo que está pasando ya no me interesa. Es consentimiento básico, pero hay seres, sobre todo humanos, que se enfadan mucho cuando en medio de un éxtasis de caricias les comunicas que ya no quieres más. JODER, que me he cansado ya de tanto sobeteo, que me voy a cazar o a lamerme las bolas al sol.

– Ú: Muy interesante lo que comentas. ¿Cómo te gustaría terminar esta entrevista?

– Y: Bueno, mi tiempo es oro, como el tuyo. Creo que me he ganado un platico de comida húmeda, ¿o no? Para concluir, decirte que me encuentro feliz en esta casa contigo. Gracias por estar replanteándote tus ideas sobre el amor y el valor de la tapicería de los sofás. Significa mucho para mí. Quiero lanzar un mensaje a mi madre y a mis 37 hermanxs: Seguid así, llanos, humildes, callejeros, valientes y anarcofeministas.

8 comentarios

  1. Genial, esperando la próxima entrevista! Necesito más, este gato despierta conciencia feminista, pero que sabio!! Voy a ver que efecto causa a mis alumnos! Se lo voy a leer en clase.

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