El jaquetonismo como revolución

Lo jaquetón es la carne estallando bajo la camiseta. La grasa debajo del tejido, apretada, confiada, mostrándose, exhibiéndose.

La piel saturada de materia, ensanchándose como el tiempo. Queriendo trascender las tres dimensiones, llamando la atención sobre el espacio y su delicada existencia.

El jaquetonismo es una oda a la vida estallona, plena. La persona disfrutona escondida detrás de un cuerpo feliz. Las lorzas rebosando fuera de los dominios del pantalón.

El territorio corpóreo en permanente expansión. Sin restringirse a los mandatos de las tallas. Rebasando los límites del entendimiento estético. Desafiando la gravedad, la carne,  que cae, fluyendo, por su propio peso.

Lo jaquetón, lo jamón, lo relleno. La orondez, la plenitud, la rotondez. La gordura como mandato de prosperidad, de belleza, de exceso y de me suda el coño todo lo demás.

Las mujeres marcando coño con sus leggins apretados. Porque para eso somos cuerpo, para mostrarnos, también. Para dejarnos mirar, sin amenazas y sin miedos.

Las señoras entradas en carne, con su chándal y sus tacones, y un escote pronunciado como una curva peligrosa.

Todas las curvas juntas. De la barriga la pantorrilla el brazo y la nuca.

Los rollos, la vida. La falta de complicación de la carne blanda, oronda, pesada.

Le lección de vida de la molla. Resultona, descarada, atrevida, graciosa, enorme en su grandioso me importa una mierda todo.

La talla 38 me aprieta el Chocho.

Y ya.

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