3 razones para animarte a hacer nudismo

Desde que nacemos, nos encontramos inmersos en una realidad material llamada cuerpo. Es una de las cosas invariables de nuestra existencia. Somos cuerpo, existimos porque el cuerpo nos lo permite. Es el recipiente de nuestros deseos, es la máquina que explica que estemos vivos, respirando. Sin cuerpo, no somos nada.

Aunque la importancia de nuestro cuerpo es capital, a veces se da mucho más peso al intelecto, al seso, a la conciencia. En ese camino, dejamos de lado lo visceral. A menudo, olvidamos que somos animales. Relacionamos el cuerpo con cosas viscosas, desagradables. Lo escondemos, lo cubrimos para no ponerlo en el radar de los demás demasiado explícitamente.

Pero la vida es explícita, y estar viva implica irremediablemente relacionarse diariamente con lo corporal. La cultura ha denostado el cuerpo, le ha otorgado poco valor, lo ha sexualizado hasta la extenuación. Frente a una sociedad que lanza mensajes confusos en torno a nuestros cuerpos, enfrentarnos a nuestra propia desnudez puede resultar un ejercicio complicado.

Las presiones estéticas, la salud mal entendida, la erotización de cada centímetro de nuestra piel… son todas realidades que dificultan, en muchas ocasiones, el disfrute despreocupado de nuestra carnalidad. Creo que hacer nudismo, entendiéndolo como el desnudo público, compartido, puede ser muy liberador. Compartir espacio con otros cuerpos desnudos es algo único. Y aquí algunas razones para apoyar esta idea:

  1. APOSTAR POR LA DIVERSIDAD

    Quien no tenga ningún complejo con respecto a su cuerpo que levante la mano. Creo que todas las personas tenemos complejos, secretos o no, sobre distintas partes de nuestro cuerpo. Si vas a un espacio nudista, el baño de realidad será tal que se te quitarán muchas tonterías. Verás tanta carne desnuda, diversa y segura de sí misma que será inevitable que te contagies de esa despreocupación. Quizás la primera vez no lo notas, pero si pruebas una segunda, verás la diferencia. Sentirás cómo se relaja tu radar prejuicioso y cómo tu dureza a la hora de juzgar tu propio ombligo se relaja.

  2. NORMALIZAR EL CUERPO

    Depílate, pierde peso, maquíllate, peínate, tonifícate. Pocos anuncios proponiéndonos, simplemente, disfrutarnos. Come cosas fritas, bebe cerveza, ríete estruendosamente, desnúdate, exhíbete. Si somos cuerpo, ¿por qué escondernos? Aunque nos empeñemos en sexualizar la desnudez, podríamos dar la vuelta a ese mecanismo para llegar a la conclusión de que nuestro cuerpo es un vehículo. La carne es el soporte vital que nos conecta con el mundo, ni más ni menos.

  3. EMPODERARSE DESDE LA CARNE

    Nos han dicho, desde pequeños, que tenemos que tener cuidado a la hora de mostrarnos. Es peligroso, sobre todo para las mujeres, exhibirse explícitamente. Pero, ¿somos responsables de las reacciones de los demás? No. Estaría bien dar la vuelta a esto, y poner el acento en la necesidad de que los demás controlen sus impulsos. De ese modo, podríamos mostrarnos como nos diera la santa gana. Lo que no se luce, se pudre. Lúcete, deja tu carne al aire, nada en el mar con las tetas al aire, disfruta de la sensación de flotar con tu pene suelto cuan morena mediterránea. Túmbate al sol, ábrete de piernas, cómete un bocata en la arena desnuda, broncea tus huevos. Mira al horizonte desde la orilla y siente la brisa acariciando tus pezones.

    Disfrútate, desnúdate!

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La vida en pelotas es la vida mejor

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