El pájaro y las minúsculas pero significativas existencias

Un pájaro atravesó el cielo anoche
Eran las dos de la mañana y él, el cielo,
estaba así como se admira en la instantánea
Yo me pregunté si él, el pájaro, sería testigo de la belleza
Si sus ojos de ave estarían captando la enormidad del horizonte, rosa de sangre
Si fuera así, ¿qué pensaría el pájaro?
Probablemente repasaría su día. Se había alimentado, había volado acompañado y luego, con el cielo color sandía ya, habría decidido volar un poco más, en solitario
El pájaro miraría desde arriba y me habría oteado, sin duda alguna, a mi
Pequeña, diminuta, silenciosa, reflexiva
Fascinada
Y yo lo miré a él, en el mismo instante, y en ese segundo que nuestras miradas transespecie se cruzaron, con la música del anochecer eterno de fondo, los dos reconocimos nuestra presencia.
El pájaro y yo bajo el cielo rosado, sabedores de la existencia de un orden en el caos
Un orden de bellezas ínfimas y de penas infinitas. Un horizonte caótico bañado de luz violeta, ahora ya fluorescente.
Y el cielo fue nuestro testigo. Y así todo quedó abierto en un círculo de espirales repleto
Un círculo abierto, plagado de pausas y silencios, de significados
Y así la vida demostró, una vez más, ser capaz de abrirse paso entre mareas de adversidad.
Incluso en lares no aptos para la vida contemplativa. Incluso en islas de fuego e hielo. De hierba y páramos helados, yermos, que de pronto explotan de primavera arramblando con toda duda.
La certeza del pájaro y la mía eran parecidas: estábamos vivos, éramos testigos de la preciosidad diminuta de un cielo malva, sin larvas, sin aviones, sin miedos ni tensiones.
Y el humo final de mi cigarrillo me indicó que era el momento de volver a casa, porque el pájaro ya había seguido su camino.
Yo ya no lo veía, pero seguía ahí, surcando los cielos, conocedor de nuestro secreto.
Y así, me fui a dormir. Sola, acompañada por la inmensidad caótica del universo.

Se me olvidaba… Justo antes de alejar mis ojos de la postal sangrante nocturna, apareció otro pájaro. No se si sería el mismo, pero eso, a fin de cuentas, da igual.

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