Pintarme los labios de rojo. El maquillaje y los prejuicios.

A mi el maquillaje siempre me impuso mucho respeto. Durante años tuve una relación extraña con los potingues potenciadores de la belleza. Tras una infancia despreocupada y feliz, llegó una adolescencia bastante brutal en relación a mi imagen. Tenía gafas, durante algunos años aparato, bastante acné… mi pelo siempre peinado hacia atrás en una coleta. Yo seguía siendo aquella niña despreocupada de su imagen, pero el mundo ya no me leía más como una cría pequeña. Mis pechos crecieron, mis caderas sobresalieron, mi tronco se estilizó. Allí donde antes había mollas mullidas ahora aparecía una barriga distinta, como un valle o una meseta.

Se metían mucho conmigo, sobre todo entre mis 10 y mis 14 años. Y esos son años clave. Yo no sabía muy dónde o cómo ponerme. Había algo gritando dentro de mi, pero la voz no conseguía salir. Los insultos que me proferían iban desde cuatro ojos hasta mastodonte. Nunca fui gorda, pero tampoco era una chica delgada. Supongo que la crueldad convierte cualquier desviación del cánon, por ínfima que sea, en horrenda.

Cuando comencé a nadar, intensivamente, mi cuerpo empezó a reaccionar. En el agua encontré el silencio que mi cuerpo y mi mente necesitaban. Y todo ocurrió a la vez. Mi crecimiento, mi desarrollo y mi conciencia con respecto a la importancia que mi cuerpo tendría de ahí en adelante. ¿Quién era yo entonces? Tuve que aprenderme de nuevo, que quererme de nuevo. Pero mirarme a través de los ojos de los demás me dio miedo. Había mucha crueldad en las miradas ajenas, en las palabras ajenas. Y cuando mi cuerpo cambió y comenzó a recibir otras atenciones, éstas provocaban los mismos escalofríos en mis carnes.

Pasé de la invisibilidad al acoso callejero en tan solo unos meses. Y esto les ocurre a muchos cuerpos. Sales de un espacio seguro para convertirte en pasto de comentarios que tú no habías pedido ni buscado.

De estos momentos nace quizás mi relación incómoda con el maquillaje. La nueva cuerpa intentaba simplemente encontrar sus propias palabras para definirse, sus rituales para entenderse, sus adornos para gustarse. Siempre me resultó extraño verme maquillada, quizás porque repudiaba sentirme enterrada detrás de potingues extraños a mi propia química.

Y tengo que reconocer que juzgué a otras chicas por usar demasiado maquillaje. ¿Por qué esconderse, por qué ponerse una máscara? Ahora leo en mi rechazo otras cosas: admiración (quizás envidia?) hacia chicas que no tenían miedo de llamar la atención, de adueñarse del espacio que las rodeaba, de dedicar cuidados y tiempo a su cara o a su pelo. A día de hoy, soy mucho más consciente de que todos los cambios que realizamos sobre nuestro cuerpo son simplemente modos de expresar lo que sentimos, lo que anhelamos, lo que queremos ver en el espejo. Me equivoqué al juzgar, pero rectifiqué al madurar.

A día de hoy mi relación con mi imagen en el espejo sigue siendo problemática en muchos momentos. Pero, ¿qué cuerpo no tiene estos diálogos intensos y juiciosos con su propio reflejo? El cánon, de inalcanzable, no existe; no es real, nunca lo fue y nunca lo será.

A día de hoy hay momentos en que me apetece maquillarme. Para mi esto significa: un poco de corrector, eye liner, máscara de pestañas y colorete. Y en ocasiones puntuales me pinto los labios de rojo. Lo hice durante unas cuantas semanas, cada mañana para ir a trabajar, después de salir de una relación abusiva. Lo sentí como un modo de reapropiarse de un cuerpo que esa relación tóxica había tornado en ajeno.

Hoy me voy a pintar los labios de rojo. Y será una especie de recordatorio de que mi cuerpo está bien. De que cuando nos maquillamos, lo hacemos principalmente para nosotrxs mismxs. Quiero ser capaz de no juzgar y de leer más allá, quiero seguir desaprendiendo y expandiendo mi minúscula visión.

Al menos ahora me siento segura en mi cuerpo. Aunque no siempre me guste, al menos es ese lugar seguro en que se recogen experiencias y recuerdos, todas esas situaciones que me han traído hasta el mundo que recorro con mis pies hoy.

sin maquillaje
Sin maquillaje
con maquillaje
Con maquillaje

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