Abortarse a si misma

¿Seré la primera mujer que va a abortarse a sí misma?

A veces, cuando la ansiedad aprieta y el edredón se convierte en el único lugar donde poder ser, me hago esta pregunta. Me cuestiono por qué seguir adelante con todo. Estos no son pensamientos suicidas, en ningún caso. Bien al contrario, lo que intento al cuestionarme el estado actual de mi existencia es presionar algún botón que me permita abortar misión, parar la rueda, bajarme del carro que dislocado se derrama a toda prisa pendiente abajo.

¿Puedo parar mi desarrollo tal como se está produciendo para empezar un proyecto de cero? Siempre que he hecho algún gran cambio en mi vida, he sentido miedo pero también atracción hacia el vacío que se abría ante mis pies. Siempre: atracción y repulsión. Deseo y muerte. Quizás mi ansiedad es pues el escenario en que se libran estas batallas, mediciones de fuerzas, de tensiones.

¿Merece la pena plantearse todo y derribar, si es necesario, los muros de una misma de nuevo? Si el camino que tomé ha llegado a su fin, surge la pregunta de si continuar por él o atreverme a abrir nuevas sendas.

Podría seguir caminando con la piedra que he detectado en mi zapato, pero a la vez soy consciente de que un solo gesto me permitiría parar, desabrocharlo, volcar su contenido en el suelo y volver a colocarlo. Claro, mientras realizo este sencillo gesto el mundo habrá seguido su curso y yo me habré perdido algo pero… ¿no es el capitalismo el que nos enseña a no parar, a continuar, a trabajar sin ver nunca un fin a semejante apabullante círculo vicioso y fangoso?

Mi cuerpo, que crece y crece hasta que un día se muera, parece estar generando miembros nuevos, un poco asquerosos. Mutaciones que están apareciendo:

.una espalda con dientes y lengua que grita dolor tras hacer turnos de 12 horas seguidas

.unas manos y antebrazos cansados de colgar descolgar doblar camisetas

.unos ojos que se hunden de la impotencia provocada por ver la vida pasar

¿Puede la vida convertirse en lo que haces en tus días libres, en aquellos en que no trabajas? Me pregunto en qué momento una existencia puede merecer quedar reducida a cálculos y planteamientos que contengan más horas de deber que de placer. Planes futuros hechos con calculadora para encajar céntimos, vacaciones, turnos y resfriados.

Ningún cuerpo está hecho para el capital. Todo cuerpo está hecho para la escucha (de ahí las orejas), el degustar (de ahí las papilas gustativas) y la fantasía (de ahí un cerebro que, incluso dormido, sueña).

Si me abortara a mi misma, de nuevo, quizás consiguiera que todas las mutaciones retrocedieran y que mis capacidades de disfrute y pausa brotaran de nuevo, como en un nuevo nacimiento.

De hecho, en el pasado me aborté muchas veces. Con dolor y esfuerzo en el proceso pero segura de mis decisiones en el desenlace. Creo que hoy me toca mirarme las mutaciones y preguntarme si merece la pena acarrear un cuerpo hecho añicos cuando en esta vida, por muchas veces que caigamos y lo estropeemos, solo se nos dio un cuerpo posible.

Será el momento pues de abrir la boca que me ha salido en la espalda y gritar basta… ¿será que este es el día en que me aborto para dar paso a una nueva vida?

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