huevos fritos con papas

Las croquetas y el tatuaje de la abuela Lola

Hoy vienen mis nietas a comer. ¿Qué les hago? Mira que la última vez les puse macarrones con tomate. No me queda tomate. Vamos a ver, pues me voy a escapar y compro papas nuevas y se las hago con sus huevos fritos con ajos y su pisto. Yo se que eso a ellas les pirra. Tan sencillo… pero claro, es un follón hacer fritos y yo se, que ellas me lo dicen, que en casa casi no hacen nada frito. Pues nada, voy a darles el gusto hoy. 

Y así luzco este pelo tan bonico que me dejaron ayer en la peluquería. Mira que al principio no me gustaba mucho como me dejaron el flequillo, pero esta mañana me he mirado al espejo, recién despertá, con los ojos espantaos de sueño, y me he visto guapetona. 

Ay las niñas, qué grandes están ya. Me acuerdo cuando nació la primera nieta. La alegría, la calma. No era mi niña, me había ahorrao todo el trabajo del cuerpo, pero madre mía, desde que le vi la carilla por primera vez me enamoré de ella. Y yo sabía que iba a cuidarla mucho y muy bien, que pa eso tenía tiempo. 

Ahora tienen mis nietas muchos años en ca pata. Suman más de 50 entre las dos. Las veo muy modernas, que pueden con todo, pero también veo algunas cosas que no me gustan. Casi no cocinan y el otro día una me pidió que la enseñara a coser un botón. Un botón! En fin, qué le vamos a hacer, las muchachas saben mucho de algunas cosas, pero otras básicas se les han olvidado por el camino…


Ya llegan. Qué alegría. La mayor tiene un nuevo tatuaje. Yo la miro y bueno, gustarme no me gusta mucho que tengo tantos dibujos, pero la verdad es que también me digo: pues olé que ella hace con su cuerpo lo que quiere… Y la verdad es que desde que las veo a ellas, me están dando ganas de hacerme uno a mi también. Un algo pequeñito, en recuerdo de una amiga que se ha ido de este mundo y a la que me gustaría mucho homenajear de esa manera. 

Así que me lanzo y les pido consejo. Las dos se mondan de la risa, me cogen de la mano y me prometen que me van a acompañar a hacerme ese tatuaje. 

La más chica me dice entonces: bueno, abuela, te acompañamos solamente si nos cedes a cambio la receta de tus croquetas. 

Esto si que no me lo esperaba… es mi receta más preciada. Es la que usaba mi tatarabuela, y ha ido pasando de generación en generación. Entiendo que ha llegado el momento de que ellas la aprendan. Que si yo tuviera un nieto varón, a él se la explicaría igual, pero mi familia es una familia de mujeres. Y nos va muy bien así también. 

Una semana después, nos vemos por la mañana. Las dos vienen a mi casa. Están más entusiasmás… Una toma nota de la receta en el móvil, la otra se arremanga, se lava las manos y se pone a la tarea conmigo. Hacemos dos variantes: las de cocido y las vegetarianas, de espinacas, porque tenemos que adaptarnos a los tiempos, claro que sí.

Por la tarde, vamos las tres a una tienda de tatuajes. La muchacha que me va a hacer el mío tiene hasta el cuello pintado. Muy guapa eso sí, y con una sonrisa bien bonita. No me duele ná, la verdad, yo que estaba asustá con lo que me iba a doler. Me queda precioso, en el antebrazo me lo he hecho, para poder vérmelo, qué coño, que pa eso está, pa disfrutarlo. 

Si me viera mi marido, no se lo creía. En paz descansa el hombre. Lo echo mucho de menos, pero también es verdad que estoy muy activa desde que él no está, que yo no me he quedao sentá. 


Hoy, en el club de lectura, mis amigas se han quedao a cuadros cuando les he enseñao el tatuaje. Pero Lola, ¿qué te has hecho? Algunas son más jóvenes que yo, en los sesenta. 

-Mirad niñas que yo lo único que quiero es seguir sintiendo que estoy viva, que tengo deseo, que me gusto. 

La Pepa se ha puesto entonces a hablarnos del satisfier, y ya nos han dado ganas a todas de probarlo. Linda, la inglesa, nos ha recordado que el jueves a las 7 de la mañana salimos en autobús para Sevilla a la concentración por las pensiones. Llego a la casa y llamo a mis nietas. 

-Abuela, madre mía qué ricas las croquetas que nos hemos comido hoy. No llegan todavía a la perfección de las tuyas, pero no han salido nada mal. 

-Bueno niñas, con los años veréis que le cogéis el truquillo. 

*Cuento 2 de una serie de colaboraciones con personas que me dieron ideas para escribir historias cortas. Gracias N.

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