orgasmo perdido

En busca del orgasmo perdido. O: desconectar para conectar en tiempos de covid

La policía ha vuelto a asesinar a un hombre negro en estados unidos. Yo estaba en Almuñécar y no tenía datos. No me enteré “a tiempo”. Lo primero que veo en relación a esta noticia es una comisaría ardiendo. Podría parecer un incendio cualquiera, un desafortunado pero fortuito fuego. No lo es. Han puesto una comisaría de policía a arder. La verdad es que la imagen me flipa. Un símbolo de la autoridad de ese tamaño reducido a cenizas y metales derretidos. 

Los muertos por coronavirus siguen aumentando. Da igual que nos hayamos confinado, y que ahora estemos desescalando. En otros lugares siguen cayendo, como moscas. Hoy leo que las residencias de mayores se plantean despidos temporales para sus plantillas por la cantidad de viejitos y viejitas que han fallecido. Es fuerte. Y estas muertes, cercanas, me llevan irremediablemente a pensar en todas las demás. Las de las guerras, el hambre, las otras pandemias, la violencia policial, la de género… tanta destrucción sin nombres.

Comiendo, pongo las noticias. Desempleo, falta de alimentos. Después, aparece una plantita tierna rompiendo el asfalto: el ingreso vital mínimo, o mínimo vital, ya ni me aclaro con los términos. Y pienso: esto podría haber sido mucho peor. Al menos gobierna quien gobierna. Consuelos a gogó.

El estado de alarma podría prorrogarse de nuevo. No soy experta, no se muy bien qué significa esto. Estos días observo a tanta gente expresando opiniones sobre todo, todo el rato. Veo a los fachas manifestarse. También los veo apalear a todo lo que amenaza mínimamente la fantasía falsa y asquerosa que pretenden que sea el mundo.

Me cago en la familia clásica y clasista, me cago en la policía, me cago en dios.

Así, en este estado de las cosas, ¿a alguien le apetece follar? A mi, que me reconozco cálida, humedita y curiosa, no me apetece una mierda follar. Ni hacer el amor.

Lo que si me apetece es amar. Amar ensancha el alma, ¿decían?

Me llegan artículos sobre pareja durante el confinamiento, sexualidad en la desescalada y volver a frotarse en la nueva normalidad. Me repelen, justamente porque hablan de aquello sobre lo que yo intento no pensar.

El deseo sexual y la muerte forman parte de un mismo continuo. Follamos para sentirnos vivxs. Pensamos en la muerte para ahuyentarla. Pero está tan cerca estos días…

¿Alguien más se siente saturadx por toda esta montaña de mierda de la que sobresalen algunos brotes verdes? (Qué mierda que un político mancillara para siempre la expresión de los malditos brotes verdes)

A veces mi mente viaja tan rápido que me caigo por el camino. Acabo perdida en medio de la nada en plena madrugada. A mi alrededor no huele a nada. No hay viento, ni vida. Me siento sobre mis piernas, solemne, y espero que pase el próximo tren cerebral. En ocasiones veo pasar convoyes desvencijados, repletos de luces de neón. Son el caos hecho transporte de ideas. Me niego a montarme. Pero las ganas de saber a dónde llevan son demasiado fuertes.

Me limpio las mejillas de agua salada, me sorbo los mocos. Me engancho al tren. Es una maravilla de velocidad y pensamientos negativos, siempre inventivos en cuanto a la derrota. Me angustia su movimiento, pero también me libera subirme por unos minutos a lomo de sus raíles oxidados.

Llega la mañana y revivo la hell of a night. 

¿Estás escribiendo sobre tu salud mental? Ni lo niego ni lo desmiento. Supongo que estoy escribiendo sobre el malestar de muchxs ante las altas velocidades a que nos someten los acontecimientos de la vida.

Vuelvo a mudarme. Perdí la cuenta de las veces en la casa número mil y una. Mil y una noches en vela, interrogando al futuro, maltratando al pasado, ninguneando al presente. Mil y un orgasmos perdidos, que ahora se encontrarán solitos, fríos y perdidos, en ese prado sin olor ni vida en que algunas noches me arrodillo, sumisa, a esperar un tren concreto que nunca pasó, nunca pasa y nunca pasará.

Las redes son un poco como ese tren loco que recorre mis sueños. O como esos neones deslumbrantes e infames que me atraen en la noche de mi mente. Maravillosos, pero peligrosos a partes iguales. 

Por todo esto desconecto un rato. Voy a la búsqueda de un orgasmo perdido, de mi carne silenciosa y mullida, de una noche de verano de grillos plagada, de un amigx al que abrazar en mis sueños

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